Amazon revela por primera vez el agua que consumen sus data centers: 2.500 millones de galones al año
Amazon ha publicado por primera vez su consumo hídrico global en centros de datos: 2.500 millones de galones en un año, coincidiendo con la moratoria de Seattle.
Seattle aprobó a principios de junio una moratoria de un año sobre nuevos centros de datos dentro de su territorio, impulsada en parte por empleados de la propia Amazon que presionaron públicamente a la compañía. Días después, Amazon publicó por primera vez una cifra que hasta ahora había mantenido fuera del escrutinio público: sus operaciones globales de centros de datos consumieron 2.500 millones de galones de agua el año pasado.
El momento no parece casual. La divulgación llega justo cuando el debate sobre el impacto ambiental de la infraestructura de IA alcanza una intensidad inusual en foros municipales, medios especializados y dentro de las propias empresas tecnológicas. Según recoge The Verge, sería la primera vez que Amazon comparte este dato de forma pública.
Qué significa esa cifra
2.500 millones de galones equivalen a algo más de 9.460 millones de litros. Para contextualizarlo: el consumo anual de agua de una ciudad como Madrid ronda los 400.000 millones de litros, así que en términos absolutos la cifra de Amazon representa aproximadamente el 2,3% de esa demanda urbana. No es un volumen marginal, pero tampoco resulta sencillo interpretarlo sin saber qué porcentaje corresponde a refrigeración evaporativa, cuánto se reutiliza y en qué regiones se concentra el consumo, información que Amazon no ha detallado por el momento.
Lo relevante no es solo la magnitud, sino el patrón: los grandes proveedores cloud han sido históricamente opacos con estos datos. Microsoft publicó sus métricas hídricas antes, y Google lo ha hecho con distintos niveles de detalle, pero Amazon Web Services —el mayor proveedor de infraestructura cloud del mundo por cuota de mercado— había evitado hasta ahora poner número concreto a esta variable.
Por qué importa ahora, y no antes
El crecimiento de la demanda computacional asociada a modelos de lenguaje y cargas de inferencia masiva ha intensificado la presión sobre la infraestructura existente. Los centros de datos modernos que alojan aceleradores de alta densidad generan más calor por metro cuadrado que los de hace cinco años, y enfriarlos requiere más agua o más electricidad —o ambas cosas— dependiendo del sistema de refrigeración empleado.
Este contexto hace que las administraciones locales hayan empezado a tratar los nuevos centros de datos como cualquier otra instalación industrial de alto impacto: con estudios de impacto ambiental, negociaciones sobre consumo hídrico y, en casos como Seattle, moratorias temporales mientras se actualizan los marcos regulatorios. Que empleados de Amazon figuren entre los impulsores de esa moratoria añade una capa de tensión interna que rara vez se ve de forma tan visible en las grandes tecnológicas.
Para quién es relevante este dato
Para los equipos de ingeniería que despliegan infraestructura propia o evalúan proveedores cloud, esta divulgación abre una pregunta práctica: ¿cómo se distribuye ese consumo entre regiones? Una cifra global agrega mercados con abundancia hídrica y zonas con estrés hídrico severo de forma que oculta los riesgos reales. Un data center en el noroeste del Pacífico no tiene el mismo impacto que uno en Arizona o en el sureste de España.
Para los responsables de políticas de sostenibilidad corporativa, la publicación de Amazon puede actuar como referencia de mínimos: si el mayor operador cloud del mundo ha tenido que publicar su consumo bajo presión regulatoria y social, el resto de proveedores —y sus clientes— tendrán más dificultades para justificar la opacidad.
Para los equipos municipales y reguladores, el dato confirma que la transparencia hídrica de la industria sigue siendo fragmentaria y que las moratorias como la de Seattle pueden ser un instrumento eficaz para forzar divulgaciones que de otro modo tardarían años en producirse.
Lo que falta saber
Amazon no ha especificado qué porcentaje de ese agua se evapora sin posibilidad de recuperación, qué regiones concentran el mayor consumo ni qué objetivos de eficiencia hídrica tiene para los próximos años. Sin esos detalles, el dato funciona más como gesto de transparencia mínima que como herramienta de rendición de cuentas real.
Desde EP, la lectura es moderadamente positiva: publicar la cifra es mejor que no publicarla, pero la presión para obtenerla no debería haber tenido que venir de una moratoria municipal. La industria lleva años construyendo capacidad para IA sin actualizar sus estándares de divulgación ambiental al mismo ritmo.
Fuentes
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