Science Corporation implanta su chip PRIMA en un paciente con Stargardt
Max Hodak, cofundador de Neuralink, contó en TechCrunch Disrupt que su chip de retina de 2 mm ya permite leer palabras a un paciente con Stargardt, una enfermedad hoy sin cura.
Un chip de dos milímetros por dos milímetros, colocado en la parte posterior del ojo, y dos sesiones de rehabilitación. En la primera, el paciente distinguió una letra; en la segunda, leyó una palabra. Es el primer resultado que Science Corporation ha contado en TechCrunch Disrupt tras implantar su dispositivo PRIMA en una persona con enfermedad de Stargardt, una patología hereditaria de la retina para la que hoy no existe cura.
Lo explicó Max Hodak, consejero delegado de la compañía y antes presidente y cofundador de Neuralink, el martes en el escenario del evento en San Francisco. El titular es médico, pero lo que Hodak defendió es una tesis más amplia sobre qué cuenta como interfaz cerebro máquina.
Qué ha pasado
La operación se realizó en mayo en el Sydney Eye Hospital (Australia), dentro de un ensayo en curso. PRIMA funciona como un sustituto de los fotorreceptores que la enfermedad ha destruido: el paciente lleva unas gafas con cámara que capturan la imagen y la envían al implante, que actúa como un fotorreceptor artificial.
La enfermedad de Stargardt afecta a unas 150.000 personas en el mundo, según recoge TechCrunch. Provoca una mancha ciega central que crece con los años y daña sobre todo la retina externa, mientras que la interna puede conservarse. Esa diferencia es la que hace viable el enfoque: si las neuronas que llevan la señal hacia el nervio óptico siguen funcionando, basta con darles una entrada artificial.
El propio Hodak fue claro sobre los límites del dispositivo actual. La visión que ofrece es en blanco y negro y con un campo muy estrecho. "Es como mirar a través de una pajita", explicó, aunque matizó que la imagen es nítida y de alto contraste. En la práctica, el paciente ve un par de letras a la vez.
Por qué importa
PRIMA no es un prototipo de laboratorio. El dispositivo ya está disponible comercialmente en Europa para pacientes con atrofia geográfica, la forma avanzada de la degeneración macular asociada a la edad. Lo nuevo es comprobar si la misma pieza sirve para una enfermedad distinta, de origen genético y que suele manifestarse en personas jóvenes.
Hodak usó el caso para encuadrar la estrategia de la empresa: "La retina es parte del sistema nervioso central. Consideramos que los implantes cocleares, las prótesis de retina y las prótesis motoras son distintos tipos de BCI". Es una forma de redefinir el campo con consecuencias prácticas. En lugar de prometer que algún día controlaremos un ordenador con el pensamiento, Science Corporation se apoya en aplicaciones médicas con un problema concreto, un paciente concreto y una métrica que se puede medir, como leer una letra.
La hoja de ruta que dio en Disrupt tiene dos horizontes. Una nueva generación del implante debería llegar a ensayos en humanos en el próximo año, y en cinco años Hodak cree que podrán acercarse a la agudeza visual natural. La compañía también mencionó otras líneas de trabajo: una enfermedad neurodegenerativa que todavía no ha hecho pública, la recuperación tras un ictus y la monitorización de tumores cerebrales.
Para quién es relevante
Pacientes y oftalmólogos: es la primera señal de que una prótesis que ya se comercializa en Europa para una indicación puede extenderse a otra sin tratamiento disponible. Un único caso no es evidencia clínica, pero sí justifica seguir el ensayo de cerca.
Quien sigue el sector de las BCI: la comparación con Neuralink es inevitable. Hodak fundó Science en 2021 tras salir de esa compañía, y su apuesta pasa por empezar por el ojo, un punto de entrada al sistema nervioso más accesible que la corteza motora.
Equipos que trabajan con IA aplicada a salud: el valor de estos sistemas depende tanto del hardware como del procesado de la señal que llega desde la cámara. Cuanto más ambicioso sea el objetivo de agudeza, más peso tendrá el software que decide qué información cabe en un canal tan estrecho.
Lo que aún no sabemos
La pieza de TechCrunch no detalla cuántos pacientes con Stargardt participarán en el ensayo ni cuándo habrá datos agregados. Tampoco hay calendario para que esta indicación llegue al mercado. Leer una palabra en la segunda sesión es un resultado llamativo, pero la pregunta relevante es cuánto mejora la autonomía del paciente en su día a día después de meses de uso.
En ClaudeWave seguimos este tipo de proyectos porque marcan el terreno donde la tecnología deja de ser una interfaz de texto y pasa a trabajar con señales del propio cuerpo. Nos parece más sólido el enfoque de Science, con límites declarados y objetivos medibles, que las promesas genéricas sobre fusionar mente y máquina; ahora toca esperar a los datos.
Fuentes
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