Startups que apuestan por desconectarte del móvil
Mientras el capital sigue fluyendo hacia la IA, una corriente de fundadores construye en sentido contrario: juegos presenciales, ordenadores DIY y experiencias sin pantalla.
El sector de la IA sigue batiendo récords de financiación trimestre tras trimestre, pero un número creciente de fundadores está construyendo deliberadamente en la dirección opuesta. Brynn Putnam, creadora de Mirror —el espejo inteligente de fitness que Lululemon adquirió en 2020—, acaba de cerrar una ronda para su nuevo proyecto: Board, una startup cuya propuesta central es reunir a personas alrededor de juegos y experiencias sociales físicas. Sin pantallas como protagonistas. Sin notificaciones. Sin feeds.
Al mismo tiempo, los llamados cyberdecks —ordenadores DIY de aspecto retro y uso deliberadamente local— llevan meses acumulando viralizaciones en redes. Sus creadores los presentan como máquinas que, paradójicamente, invitan a desconectarse: hardware que se toca, se modifica y se disfruta sin requerir conexión permanente a servicios en la nube. TechCrunch recoge ambas tendencias en un análisis publicado este mismo junio, apuntando que esto no parece un simple fenómeno de backlash pasajero.
Más que una reacción contra la IA
La diferencia entre esta corriente y movimientos anteriores —como los navegadores «libres de IA» que proliferaron a lo largo de 2025— es relevante. Aquellos proyectos se definían principalmente por lo que excluían: eran propuestas reactivas, construidas sobre la negación. Lo que describe TechCrunch ahora es distinto: fundadores que identifican una necesidad positiva —conexión humana, presencia física, fricción deliberada— y diseñan productos alrededor de ella, independientemente de si eso implica usar o no tecnología avanzada.
Board, por ejemplo, no es antitech por principio. Putnam tiene un historial largo en hardware conectado; sabe perfectamente lo que es construir para el ecosistema digital. Su apuesta aquí es de diseño de producto: los juegos presenciales crean tipos de vínculo social que las aplicaciones no replican bien, y hay un mercado real para eso.
Los cyberdecks responden a una lógica parecida, aunque más artesanal. Son proyectos personales, en su mayoría sin ánimo de lucro, que circulan en comunidades como Reddit o Hackaday. Lo que los hace interesantes como señal de mercado es precisamente su viralidad orgánica: nadie los está financiando para que se propaguen.
Para quién tiene sentido esta apuesta
Esta tendencia importa especialmente a tres perfiles:
- Fundadores e inversores que buscan espacios menos saturados. El consenso del capital de riesgo sigue apuntando hacia infraestructura de IA, agentes y automatización. Eso deja nichos de consumo —especialmente en ocio social y hardware físico— relativamente despejados.
- Diseñadores de producto que trabajan en experiencias digitales y necesitan entender por qué ciertos usuarios buscan activamente la fricción. No es irracionalidad; es una preferencia legítima por formatos que requieren presencia.
- Equipos que construyen con Claude u otras herramientas de IA para productos de consumo. Entender dónde la IA no añade valor —o donde su ausencia es el propio valor— es tan útil como dominar los casos de uso donde sí suma.
Una señal, no una moda
Sería fácil despachar esto como nostalgia tecnológica o nicho de mercado marginal. Pero la combinación de capital institucional entrando en proyectos como Board y viralidad orgánica en comunidades maker alrededor de los cyberdecks sugiere algo más estructurado: una segmentación del mercado de consumo donde «sin pantalla» empieza a funcionar como propuesta de valor coherente, no solo como protesta.
El volumen de usuarios dispuestos a pagar por esa propuesta sigue siendo incierto. Pero que una fundadora con el historial de Putnam dirija su siguiente empresa en esta dirección es, como mínimo, una señal que vale la pena seguir.
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Opinión EP: Que el dinero empiece a moverse hacia experiencias deliberadamente desconectadas no invalida el valor de las herramientas digitales, pero sí obliga a quienes las construyen a justificar mejor por qué la presencia de tecnología mejora —y no solo complica— lo que intentan hacer. Es una presión saludable.
Fuentes
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